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miércoles, 14 de enero de 2009

CRÓNICA Y FOTOS DE LA ESCLAVITUD EN LA TIERRA DE NADIE


Reproducimos grave denuncia de la ONG LA ALAMEDA y desde este medio denunciamos el hecho en la Embajada de Bolivia.

"Nos fuimos de capital, porque había demasiados controles" fue lo que dijo ante las cámaras de canal América Joaquin Ticlla , el dueño del taller esclavo ubicado en la Avenida San Martín 938, en el partido del mismo nombre y a pocas cuadras de Nobleza Piccardo y Carrefour. En ese taller, hasta ayer, diez costureros eran sometidos a trabajo esclavo, en agotadoras jornadas de 6 a 22 horas. La mayoría de los costureros había sido traído directamente de Bolivia con promesas engañosas, la minoría había sido reclutada en la esquina de Cobo y Curapaligue.
Todos estaban indocumentados. Al mediodía del martes 13, Alfredo Mamani, un costurero de 23 años, llegó a la Alameda con su esposa y su beba de dos meses. Su cara estaba desfigurada: un ojo destrozado, el labio inferior hinchado, el cuello rasguñado, su remera desgarrada y con manchas de sangre y su tabique fracturado (ver foto). Su sangre también había quedado en el taller textil de San Martín, donde trabajaba de sol a sol junto a sus compañeros por una paga miserable que ni siquiera se efectivizaba.
El costurero fue reprendido por el encargado, un tal Marcelo, por no hacer la tarea que se le había encomendado minutos antes y lo agredió con el rodillo de la over en el rostro y luego lo golpeó sin miramientos. La insólita agresión era claramente una excusa para agredir y echar al costurero sin pagarle las deudas salariales que venía reclamando desde hace semanas. A fines de diciembre y principios de enero, las expulsiones violentas de los costureros son un clásico en la industria textil clandestina: termina la temporada y fabricantes y talleristas se desembarazan de sus esclavos con cualquier excusa, lanzándolos a la calle. Al poco tiempo llegó la policía llamada por la esposa del costurero que, por supuesto, nada hizo.
Tan sólo llamar a la ambulancia para dejar a Alfredo y su familia en la guardia del Hospital Thompson, donde lo hicieron esperar más de dos horas sin atenderlo. Harto del manoseo, Alfredo fue a la Alameda y allí denunció todo lo que estaba ocurriendo en ese taller ubicado en esa tierra de nadie que es el Partido de General San Martín, donde la policía coimea, los hospitales no atienden y los esclavistas se hacen la América. Más de una hora llamamos al Ministerio Público Fiscal de San Martín que nos dejó esperando eternamente a la "operadora" que nunca atendió.
Alfredo y su esposa querían recuperar desesperadamente sus pertenencias que estaban en el taller y también a su sobrina, H. Q , una adolescente de 17 años que también era sometida a la servidumbre y que había sido directamente traída de Bolivia al taller. Se convocó al primer canal que se hizo eco de la denuncia para invitarlos a ir al taller urgentemente a rescatar a la menor y a las pertenencias de los costureros.
A las cuatro y media de la tarde llegaron una docena de costureros de la Alameda y los periodistas de América. El tallerista, Joaquin Ticlla, con mujer y tres hijos, nacido en Oruro y ex policía en su tierra no opuso resistencia al requerimiento de pasar al taller a retirar las pertenencias de Alfredo y a su sobrina H Q. Así fue que los miembros de la Alameda y del canal América ingresaron al taller. Mientras se recogían las pertenencias, las costureras de la Alameda dialogaban con las otras costureras aterrorizadas que aprovecharon la oportunidad para irse del taller junto con Alfredo, hartas del encierro y la explotación.
El taller es una casona derruida, con habitaciones en la entrada tras una persiana azul, con un patio interno y en el fondo el taller. Solamente había dos baños y una habitación precaria en la terraza. Allí trabajan diez costureros para las marcas Ramirson (camperas) y Lidas jean. A los costureros les pagan $ 1,50 por la confección de cada jeans. Pero este miserable precio es virtual, porque todos tienen deudas salariales y apenas recibían migajas de adelanto para subsistir. El taller existe en San Martín hace dos años y es uno de los típicos talleres que se escapó de la Capital ante las denuncias de la Alameda y la oleada de inspecciones. Como ya denunciamos en otras oportunidades, San Martín parece ser una de las zonas liberadas predilectas de los esclavistas. Ante las preguntas del periodista, el tallerista no quiso revelar quienes eran los fabricantes, es decir, los máximos responsables de ese taller esclavo.
No podía decirlo porque, según el tallerista, los fabricantes "son mis benefactores. Ellos me ayudan, me dan máquinas. No puedo ir contra quienes me dan de comer" (sic) En este momento, seis de los diez costureros, incluida la menor, están alojados en la Alameda.
Alfredo está siendo atendido en un hospital con diagnóstico de triple fractura del tabique nasal y otras contusiones. Mañana por la mañana, la Organización Internacional para las Migraciones los espera temprano en su sede para darles contención, orientación y alojamiento. Mientras tanto, aún esperamos los colchones del gobierno de la Ciudad ( que se lava las manos sistemáticamente ante estos casos) para que los costureros duerman al menos dignamente una noche. También esperamos que alguien nos atienda del Ministerio Público Fiscal de San Martín o de la UFASE del Ministerio Público de la Nación.
La Alameda y un canal de televisión fueron a la tierra de nadie a rescatar a los costureros esclavizados. Y ahora esperan en el país de nadie, que alguien se digne a hacer algo por ellos. Cuando termine estas líneas, el intendente de San Martín, el comisario de la zona, los de guardia en el Ministerio Público Fiscal o el Ministerio Público de la Nación, los jóvenes funcionarios de Desarrollo Social de la Ciudad estarán duermiendo plácidamente en sus casas, mientras los costureros esperan en un rincón de la Alameda que se cumpla alguna ley, alguna convención internacional en este bendito país.
Gustavo Vera, presidente de la cooperativa la Alameda (1561584835)

sábado, 27 de diciembre de 2008

Justicia por Gisela, atención médico criminal suelto.


En un comunicado de prensa difundido en los medios, la familia de Gisela Lorena Iannone, reclama justicia y la difusión del caso para que la sociedad no olvide que hay personas que atropellan o matan con vehículos sin mostrar el menor arrepentimiento por sus víctimas.

Según el relato, el lunes 12 de marzo de 2007 Gisela Lorena Iannone viajaba con su novio en moto por la Av. Roca de la localidad de Hurlingham a las 18:00 hs.aprox. cuando sale un auto de la fila a más de 80 km por hora (dicen los testigos) y la atropella dándose a la fuga pasando el semáforo en rojo y cruzando la barrera baja del ferrocarril Urquiza de la Est. Rubén Dario; cuando el tránsito practicamente estaba parado esperando que pasara el tren.

Gisela fue atropellada a una cuadra y media de la estación.

Golpeando directamente su cabeza contra el auto quedando inconciente y volando indefensa varios metros a la vereda de enfrente, golpeando el otro costado de su cabeza.

La persona que la atropella la deja abandonada y se da a la fuga es el Médico traumatólogo Adrián Jorge Taboadela M.N 46793; M.P 33843 que paradójicamente vive y atiende en Hurlingham.(según la guía de páginas amarillas en P.Pizzurno 473 teléfono (011)4662-8227) con este abandono este médico que irónicamente es un especialista en emergentología, demuestra un total desprecio por la vida humana; pudo haber matado a Gisela en la calle y no le importo, mañana puede matar a otro en su consultorio y no va a importarle.

Gisela trabajaba como peajista en el Autopista del Oeste vivía sonriendo era una chica feliz llena de amor hacia todo el mundo, muy solidaria como no lo fueron con ella.

Hoy Gisela tiene 31 años y padece una discapacidad total mental y motora por la cual necesita atención las 24 hs.

Hoy su verdugo, trabaja como si nada en su consultorio particular, atiende el Hospital San Juan de Dios (otra inonía si medimos que nunca se preocupo por su prójimo y se desempeña en un lugar perteneciente a una orden religiosa) y en el Hospital Pirovano.

Ya que la justicia de los hombres no le da una condena a este criminal, investigación que se instruye en la UFI Nº 8 que a falta de uno tiene tres fiscales nombrados la Dra.MENENDEZ, NORMA B., DEL GROSSO ALEJANDRO Y DASCENCAO, MARCELA F. del Departamento judicial de Morón, te pedimos que nos ayudes a difundir el caso para que la sociedad lo condene.

No solo terminó con la vida de Gisela, sino que destruyó a toda una familia, sus pequeños sobrino se pasan horas rezando por un milagro, algo que no entienden bien qué es, pero que creen puede devolverles a su tía.

Nada le devolverá la sonrisa a Gisela, su vida termino ese 12 de marzo, ¿qué hace que un profesional de la salud y especialista en emergentología, que escribe artículos sobre cómo proceder en accidentes, huya cobardemente sin asistir a una víctima suya?. ¿qué debía ocultar para no esperar autoridades o testigos?

Tan cobarde es su actitud, como la que adoptó con motivo de la marcha pidiendo justicia en la que golpeó puerta por puerta pidiendo a los vecinos que no se asomen y solicitando custodia a la policía, cuando la marcha tiene como objeto simplemente reclamar justicia y que todos sepan quién es ese médico que vive a metros de ellos.

Las propias autoridades del Colegio de Médicos deberían evaluar la conducta adoptada por Taboadela en el momento del accidente, de seguro que no recordó su juramento hipocrático "... mantendré mi vida y mi arte alejado de la culpa..."

Muchas Gracias, Ana Paola Iannone.
ana_iannone82@hotmail.com